El siglo XIX supone el inicio del conocimiento de
los ultrasonidos a partir del silbato de Galton y del diapasón, que eran capaces de producirlo; aunque muy bajas las
frecuencias producidas, eran suficientes para comprobar las distintas barreras
existentes en el oído entre el hombre y los animales.
Los ultrasonidos son utilizados habitualmente en
aplicaciones industriales (medición de distancias, caracterización interna de
materiales, ensayos no destructivos y
otros). También se emplean equipos de ultrasonidos en ingeniería civil, para
detectar posibles anomalías y en medicina (ver ecografía, fisioterapia, ultrasonoterapia).
Un ejemplo del uso del ultrasonido en el campo
médico son los dispositivos tales como el doppler fetal, el cual utiliza ondas
de ultrasonido de entre 2 a 3 MHz para detectar la frecuencia cardíaca fetal
dentro del vientre materno. Otro ejemplo de su uso en medicina es la Litotricia
extracorpórea por ondas de choque, una técnica terapéutica para el
tratamiento de la litiasis renal.
Una aplicación ineficaz y muy popularizada de los
ultrasonidos consiste en su uso como repelente para insectos (especialmente de
mosquitos). Existen aparatos y programas de software que permiten de generar
estas señales acústicas. FACUA pide la retirada del mercado de estos
aparatos por publicidad engañosa pues existen numerosos estudios que demuestran
su ineficacia.

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